viernes, 9 de septiembre de 2011

Desde el OSM compartiendo sobre Concha

Maestra y compañera, jefa y colega, persona admirablemente generosa, cabal, empática y amiga, Concha Colomer Revuelta ha sido y seguirá siendo, un ejemplo y referente para nuestro trabajo en el Observatorio de Salud de las Mujeres del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad.

Para su creación en 2005, Concha comenzó dibujando el Observatorio con el objetivo fundamental de disminuir las desigualdades y los sesgos de género que afectan de modo especialmente negativo la salud de las mujeres y empobrecen la vida de los hombres y de la sociedad en su conjunto.
Para la confección del Observatorio, Concha llamó a participar a cuantas personas podían contribuir: personas expertas de distintos ámbitos, profesionales de la salud y del campo sociosanitario, organizaciones sociales y de mujeres. Consiguió construir una estructura compartida para el análisis, la reflexión y el consenso de propuestas para la acción.

Su concepción abarca más allá de las tareas de un observatorio al uso. Concha promueve y facilita la implicación de las personas y la participación de las entidades. Convoca y destaca el papel de las Comunidades Autónomas. Piensa en clave nacional e internacional. Concha contempla lo global descendiendo a lo particular. Teje redes y alianzas. Construye realidades impulsando acciones coordinadas que alcanzan a la ciudadanía logrando un impacto positivo.
Concha creía profundamente en la participación y nos contagió a todas.  Su respuesta ante las dificultades siempre se acompañaba de grandes dosis de tolerancia y habilidad para el consenso: “Démosle una vuelta más” –decía- y finalizaba la reunión o el documento con la aproximación y el acuerdo de todas las partes.

Concha tenía un toque de Maga. Muchas veces, en “ese darle la vuelta”, conseguía dar luz a aspectos que se encontraban encallados, sin salida. Te sorprendía poniendo en cuestión todo un documento, lo deconstruía para lograr colocar todas las piezas y que encajaran perfectamente con todo su sentido.

Concha era genial. Presentaba de la forma más sencilla los temas más complejos. La frase “No podemos basarnos en la opinática” la empleaba para evitar el camino equivocado de elevar las opiniones particulares a la categoría de ciencia, sin que nadie se molestara. Ella tenía firmes convicciones éticas y criterios técnicos. Su fortaleza se basaba en la evidencia científica, en el mejor conocimiento disponible, en las buenas prácticas existentes. Y disfrutaba compartiendo ciencia y realidades.

Así lo hemos podido comprobar con los mensajes recibidos tras su muerte. Personas, entidades y organizaciones relacionadas con la violencia de género, la salud sexual y reproductiva, la atención al parto y nacimiento, y determinadas dolencias que afectan a las mujeres, han expresado su lamento emocionado por la pérdida inesperada y temprana de Concha y su deseo de continuidad en estas líneas de trabajo.

Trabajar desde este enfoque y con el estilo de dirección de Concha ha sido para todas nosotras una oportunidad de conocer otra forma de gestión en la administración. Nuestras distintas trayectorias profesionales en el Departamento nos permiten comparar y reconocer el auténtico camino para que las ideas, la normativa y los documentos no queden relegados a meras buenas intenciones y pasen a ser hechos.

La pena, la tristeza y el dolor por su muerte no nos impedirá, muy al contrario, seguir con las líneas de trabajo emprendidas por y con ella, que sigue con nosotras. Estamos dispuestas y pedimos vuestro apoyo.

Concha, siempre te recordaremos con inmenso cariño y agradecimiento, sintiéndonos privilegiadas por haber trabajado contigo y disfrutado de la complicidad de las ganas de vivir y de ser útiles a quienes nos debemos. Gracias Concha.

Equipo del OSM:
Rosa Mª López, Isabel Saiz, Isabel Espiga, Sonia Peláez y Celia Juárez

martes, 9 de agosto de 2011

Palabras para el homenaje de Rosana Peiro

Tengo que escribir unas palabras para describir lo que fue Concha en el periodo que se dedicó a la PdS por la estrecha relación laboral que mantuvimos entonces y personal que ha continuado hasta ahora.

Yo hice el master de salud pública en el año 1988, ella era profesora de Promoción de la Salud, por una parte me fascinaba esa asignatura y al mismo tiempo no entendía nada.  No entendía como conceptos que a mi me parecían “políticos” de “reivindicación de calle” y “manifestación” ella los asociaba al bienestar, la calidad de vida y la salud. Estudiábamos conceptos de la Carta de Otawa (84) como la equidad, la participación, las políticas, el trabajo conjunto, los entornos o el medioambiente. Cuando acabó el master me propuso colaborar con ella en diversas actividades y acepté.

Comenzó una fase nueva en mi vida profesional, por los temas con los que trabajábamos pero también por todo lo que aprendí de su especial manera de hacer. Desde los inicios del IVESP ya comenzó con las colaboraciones con universidades europeas, el despacho de promoción de salud ya era un “melting pot” compartíamos despacho con Sara, de la Universidad de Liverpool, Leeneke de Wageningen y yo.    

Recuerdo una tarde de primavera a los pocos meses de iniciar esta colaboración que fuimos a comer a un kiosko, al sol, en la alameda, unos bocadillos, una ensalada y una cerveza. Empezamos a hablar y a hablar y hablar y a reír, a reír, y reír que no podíamos parar, risas que no paramos nunca de disfrutarlas. A partir de ahí se empezó a construir además una relación personal que fue creciendo con el tiempo. Una relación llena de complicidades personales y profesionales.
Concha estableció complicidades con mucha gente, haciendo propuestas, haciendo a la gente participe de estas, pero su risa su alegría y su mirada siempre brillante, contribuían a construir esa complicidad. 

En lo que fue el IVESP en Valencia, comenzó a poner en marcha la red de ciudades sanas, que se fue extendiendo como una mancha de aceite. Quienes estuvimos con ella en este proceso pudimos ver y aprender como los conceptos “teóricos” se aplicaban en la práctica. El éxito de esta iniciativa fue sin lugar a dudas la forma en la que lo gestionó, formando una red de verdad, donde ella lideraba el proceso, no porque hubiera un papel que lo dijera, sino por la capacidad de implicar y motivar en esta idea, por su generosidad difundiendo información, en cada ayuntamiento, fuera grande o pequeño, por su trabajo en horizontal, no jerárquico, organizando una red en la que desde cualquier lugar se podía llegar a cualquier otro, sin pedir permiso, lo que primaba era tener iniciativas, propuestas y ganas de contribuir y estas eran respetadas, incorporadas a la red. Cada ayuntamiento podía jugar el papel que quería o que podía jugar en cada momento. Se introdujeron temas de trabajo que aún ahora son novedosos en nuestro país como la salud en todas las políticas organizando grupos intersectoriales con urbanismo,  medioambiente..etc.    
Además sabía ligar lo local con lo global. Conectó la red con las redes europeas y muchos ayuntamientos tuvieron la oportunidad de conocer, participar y compartir experiencias con otros proyectos en cualquier parte del mundo.

Por otra parte siempre enlazaba la acción en salud pública a la investigación. Escribió y potenció que quienes estábamos allí incorporáramos en nuestro trabajo al análisis más técnico y científico. Ligó toda esta experiencia de desarrollo local a proyectos europeos de investigación con los que se produjeron artículos, informes, o tesis que mostraban de forma pública (sometidos a la revisión científica) resultados, debilidades, desarrollos metodológicos...     
Concha era una mujer que arriesgaba en todo lo que hacía, nunca fue por el camino fácil o conocido o reconocido, siempre innovaba. Potenció la investigación cualitativa, la investigación acción participativa, las políticas de salud, la formación y el contacto con los medios de comunicación, o las estrategias intersectoriales con procesos “win - win” o “todos ganan” como nos reíamos haciendo alusión a los juegos reunidos geyper.  Erio Ziglio me contaba en el congreso de Sevilla que no habían conseguido un proceso de trabajo intersectorial con tanta implicación como el trabajo que se desarrollo en el IVESP con Turismo, salud y desarrollo rural …y que todavía usan su metodología como caso de buena práctica. Yo participe en ese proceso, exploratorio, de aventura metodológica sobre otra manera de trabajar, de forma intersectorial, …recuerdo que cada vez que acabamos una fase teníamos que pensar como iba a ser la siguiente. Sin embargo ella hacia que quienes participábamos (y éramos un montón) tuviéramos la seguridad de que algo bueno, nuevo e innovador iba a salir de ahí. Su presencia ejercía una potente sensación de seguridad, por su autoridad moral, por su liderazgo y por su manera de escuchar, siempre atenta, siempre considerando lo que se decía, cualquiera, intentando incluir todas las opiniones.

Creo que esa forma de escuchar tan atenta y que siempre intentaba tomar en cuenta, tiene que ver también con el valor que le daba a los saberes locales, además de a los saberes científicos, o al de las autoridades reconocidas nacional o internacionalmente. Hace unos meses vino a pasar una mañana de trabajo para ver y escuchar y aprender como funcionaba un proyecto de intervención con la orientación de activos positivos en salud, en un barrio pequeño, con un grupo mujeres inmigrantes. Fue un día estupendo, en Alzira, en el que aprendimos mucho y una cena divertidísima, en nuestra casa,  en la que Concha se bailó unas fabulosas sevillanas con Antony Morgan.

En todos los lugares escuchaba con interés y conectaba, motivaba, enredaba, a las personas, a los grupos, asociaciones a quienes tienen conocimientos más técnicos con quienes viven las experiencias de la vida, de la salud y de la enfermedad con la que trabajamos y queremos contribuir a mejorar.      

Inició también varias actividades formativas en red. En Europa, el ETC “European Training Consortium” in Health Promotion, que este verano cumple la 20ª edición y que le habían invitado como reconocimiento a su labor iniciadora de esta experiencia, en valencia (91). Con Latinoamérica, en la primera parte de la década de 2000, el curso Internacional de Promoción de Salud (CIPS)  on-line, que lideró en colaboración con otras universidades latinoamericanas, permitiendo a profesionales de diferentes países, culturas y realidades socioeconómicas, compartir un espacio de diálogo para la acción en promoción de salud y equidad. Y que han continuado con FLACSO, con la Escuela Nacional de Sanidad y otras instituciones con cuestiones de género y salud.

El póster presentado en el Congreso de la EUPHA en Pamplona (1997), acerca del  desigual reparto del poder de los hombres y mujeres en el seno de SESPAS y asociaciones federadas, fue el detonante para iniciar otra red profesional, el grupo de género y salud pública de SESPAS. Núcleo de la Red de Investigación de Género y Salud del ISCIII y del Grupo de determinantes sociales y políticos de la salud del CIBERESP. Su área transversal de desigualdades y el observatorio han tenido siempre todo su apoyo.

Yo creo que he tenido una suerte inmensa de conocerla, de trabajar con ella y de ser amiga suya. No soy la única, la sensación que tenemos quienes hemos compartido esta suerte es que nos hemos empoderado, porque promovía la toma de decisiones, la responsabilidad y la implicación en el trabajo. Ha creado espacios donde nos hemos sentido a gusto, participes con lo que hacíamos, generando un efecto sinérgico grupal que me parece que es lo que hace que estemos aquí hoy, o que hayamos recibido tantos mensajes de tantas personas, con tanta pena y tanto dolor.

Nunca reñía, nunca gritaba. Siempre intentaba buscar una salida a tus propuestas, intentando considerarlas, buscando posibilidades de llevarlas a cabo. Ejercía más su liderazgo, que su jefatura, desde la autoridad moral que le daba su conocimiento del tema, su implicación, sus capacidades para motivar a quienes le rodeaban, y su visión estratégica. Nunca ejerció control sobre lo que hacías, al contario, siempre la buscabas para mejorar lo que estabas haciendo, porque seguro que tenía propuestas, soluciones, ideas, para desatascar temas, siempre desde la mirada positiva, de apoyo al trabajo realizado. Nos ha involucrado en proyectos en los que había poca experiencia sobre como intervenir, y consiguió que el trabajo fuera un espacio de creación, innovación y libertad. Siempre tenía una palabra de apoyo que ofrecer, siempre le parecía bien lo que hacías, aunque luego trabajando y discutiendo el tema, acabaras dándole la vuelta. Siempre tenía tiempo para unas risas cómplices y un mojito.

Quienes tuvimos la suerte de trabajar con ella durante estos años hemos crecido personal y profesionalmente. Hemos hecho muchas cosas y muy divertidas. Trabajamos muchas horas, más de las que marcan los relojes, pero con mucha satisfacción. Viajamos mucho juntas, a Menorca varias veces, a los diferentes congresos, fuimos a China, en el año 96, un viaje inolvidable por la experiencia y por las risas de complicidad que compartimos todo el viaje. Viajes divertidos que contribuían a fortalecer la relación personal. Pero también cenas para no dejar de ver a amigas en valencia, las cenas de valencianas en Madrid. Cómo disfrutaba de todo lo que hacía!!!!. 

Personalmente mi vida sin ella hubiera sido otra, por el momento en el que la conocí, su propuesta de colaboración, y empezar a ver toda esta otra forma de ver y hacer. Siempre he aprendido de ella. Su legado personal es mío, nuestro, de sus amigas, amigos, de Marina y de Carlos y de su familia, para que lo disfrutemos e intentemos compartirlo. No conozco tantas palabras, ni se expresar tanta pena, dolor y  rabia como siento.

El legado profesional es algo que tendremos que continuarlo para hacerlo más grande, más conocido, que se aproveche, esta en nuestra mano.
Yo creo que esta capacidad de movilización personal y grupal tiene que ver, como también más personas han señalado, en que siempre confiaba más en ti y en tus capacidades…. que tu misma. Siempre estará en mi vida, nuestras vidas.

Rosana Peiró Pérez
Homenaje a Concha Colomer Revuelta
Ministerio de Sanidad Política Social e Igualdad. 29 de Junio 2011

martes, 2 de agosto de 2011

La vida, de Narciso Medina

Estoy cansado, enfermo, enfadado…
Mi tiempo, mi vida, mis amigos y mi familia
Poco a poco se diluyen…
Se van,
Me los quita la vida…
¡Cuando pasara este infierno
Este mal sueño del que quiero despertar… ¡


Aire, sol, libertad.
Todo me falta y poco es lo que me consuela.
El amor no me basta
Quiero más, quiero todo lo que tenia antes
Lo quiero TODO.
Los recuerdos me queman
El rio de mi vida cada vez se curva y enlentece mas.


No quiero pensar
No quiero recordar
Solo vivir el día a día con alguna sonrisa.
Pensar que mañana algo bueno pasara…
Que levantaremos la mirada
Y los recuerdos volverán a ser azules
El viento refrescara un poco
Y la primavera nos traerá otra vez más amor.


Menos siempre es menos.
Nunca será más.
Pero más siempre suma
Y sumando seguiremos unidos
Con mas amor, mas deseos,
Y mas vida…


Narciso
Valencia 9 Mayo 2011

jueves, 28 de julio de 2011

En recuerdo de Concha Colomer, de Jose Maria Martin Moreno

Permitidme unas breves palabras para rendir homenaje a la maravillosa persona que ha sido y será siempre para nosotros Concha Colomer. Mis primeros encuentros con ella tuvieron lugar en Granada en el año 1989 cuando yo acababa de llegar a la Escuela Andaluza de Salud Pública y mantuvimos una reunión que se organizaba allí sobre el tema de promoción de la salud y ciudades saludables. Desde el primer momento me llamaron la atención tres características de Concha. La primera, su capacidad de escuchar e intercambiar ideas con sosiego, y siempre con espíritu constructivo. La segunda, su aproximación a la salud pública aplicada a la búsqueda de la equidad. Sin duda fue líder en mostrarnos la importancia de los determinantes sociales de la salud, y de la esencial necesidad de considerar la perspectiva de género en nuestros análisis y propuestas de salud pública.  Y la tercera, algo que emergía directamente en su mirada: su sentido de compromiso social y profundo deseo de hacer el bien.

Algo más cercano en el tiempo tengo en mi retina el recuerdo de cuando me dio la bienvenida a Valencia en el 2004 y diciéndome que si necesitaba algo,... ahí estaba ella para echar una mano. Es difícil expresar el enorme valor que tuvo ese gesto para mi en ese momento. Años más tarde, y aun dentro de lo ajetreado de nuestras respectivas vidas, tuve la oportunidad de compartir buenos momentos con Concha y Carlos durante algún fin de semana en La Pobla del Vallbona. Más recientemente tuve alguna ocasión (mucho más fugaz de lo que me habría gustado) de intercambiar  ideas con ella en sus funciones como representante del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad y en las mías en la OMS-Europa. Sin duda todos la considerábamos una autoridad en la materia, y destaco la utilización del término “autoridad”, más allá de la connotación formal, como atributo que se gana con el buen hacer y el ejemplo cotidiano.

Envío sentidos abrazos a Carlos, a Marina y a toda la familia de Concha Colomer, y concluyo agradeciendo a la vida el haberme dado la oportunidad de conocer a una persona como Concha. Su inspiración perdurará a través de sus lecciones como mujer culta, generosa, amiga y que se supo ganar nuestro cariño, respeto y admiración para siempre.
Con profundo afecto,

Jose Maria Martin Moreno

Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública,
Facultad de Medicina, Universitat de València     

jueves, 21 de julio de 2011

Siempre estará en nuestro corazón, de Eduardo Zafra.


Concebir, consolar, confiar….Aun resuenan en mis oídos las hermosas palabras de despedida que Joan Paredes le dedicó a Concha.
Que hermoso poema…Que maravilloso texto de homenaje…Que pena que no se lo pudiera decir estando viva. Aunque estoy seguro que Joan, como muchos de nosotros, durante todos estos años y cada vez que hemos tenido la suerte de coincidir con ella, le hemos manifestado nuestro afecto y nuestra admiración.
Cuando la conocí, hace mas de 30 años me impacto por su afabilidad y por su determinación. Yo, recién acabada la carrera de medicina, a trancas y barrancas, después de un expediente disciplinario por perturbar el orden público (era el año 73), recurrí a D. Joaquín Colomer para hacer la especialidad de pediatría. No era raro que aquellos que habíamos sido represaliados por combatir la ignominia de la dictadura, buscáramos en la cátedra de Colomer un refugio donde crecer. Colomer tenía una visión social de la pediatría que había plasmado en la apertura de una consulta de pediatría (lo que luego con el tiempo formaría parte del programa del niño sano) en colaboración con la asociación de vecinos, para la atención integral del recién nacido, en una zona de la ciudad de Valencia altamente combativa.
Allí conocí a Concha, todavía estudiante de medicina, pero que ya había hecho del compromiso social una bandera y aunque desde mi “posición” de persona comprometida y represaliada de la lucha antifranquista (también por la arrogancia que otorga ser joven) la labor en aquel consultorio, me parecía un labor con un componente caritativo importante (la mayoría de los que acudían eran gente muy humilde) pronto me di cuenta que esta iniciativa estaba ligada a una normalización democrática de los sistemas de salud que había que empezar a evidenciar. Con Concha, una mas en aquella balsa democrática, todo fue fácil, llamaba la atención su compromiso y su actitud de ser una mas entre los jóvenes licenciados o estudiantes que habíamos acudido a aquel lugar a dar testimonio que otras formas de hacer eran posibles.
Después por circunstancias de la vida nos perdimos de vista, que no de oídas durante muchos años y nos volvimos a encontrar en Alicante. Ella como profesora y yo como alumno del primer master de salud publica que se hacia en la ámbito territorial valenciano. Fue una inmensa alegría y de nuevo una conexión casi instantánea, que nos llevo a compartir proyectos de todo tipo y que tuvo su continuidad a partir de la apertura del IVEPS. Ciudades Sanas, fue un proyecto en el que colaboramos intensamente y desarrollamos varias líneas de trabajo de participación comunitaria, siempre con el liderazgo y el entusiasmo de Concha. Ya para entonces, no me parecía la estudiante voluntariosa que había conocido en el consultorio de pediatría social, sino una mujer inteligente, con liderazgo, capaz de motivar e involucrarte en proyectos ambiciosos, eso si siempre con una actitud cercana y afectuosa, a la que te resultaba muy difícil decirle que no.
Luego vinieron otros aires políticos y como es frecuente en nuestro país el sectarismo vence sobre la racionalidad y eso nos separó en el ámbito laboral, que no en el de los afectos.

Todo lo que tiene que ver con Concha me conmueve, tal vez desde siempre, pero más ahora que con su pérdida el dolor es muy agudo. Creo que fue una gran mujer, desde el punto de vista de su proyección pública, pero más grande todavía en la corta distancia. Yo no recuerdo una acogida mas calida y generosa que la que te ofrecía Concha cuando, después de un tiempo, te encontrabas con ella. La sonrisa en su boca y en sus ojos era una invitación a la alegría, al cariño, a compartir, a sentirte por fin en casa... Personas así te hacen este mundo mas acogedor y su sola presencia te desarma frente al escepticismo rampante sobre el género humano que nos invade.
Ahora somos legión los que lloramos enrabietados su pérdida. Pero yo me he hecho el propósito de recoger sus valores y su recuerdo e incorporarlos en mi vida, como un pequeño homenaje permanente hacia ella, pero sobre todo para intentar ser mejor persona.

Valencia mayo de 2011
Eduardo Zafra


miércoles, 13 de julio de 2011

La vida perdurable, aquí en la tierra.

Creo que Rosanna, Rosana Peiró, dirá ya mucho de lo que a muchos nos parece relevante, imprescindible, casi sagrado –paganamente sagrado– de la vida de Concha, y de su huella. No lo sé; lo sé. Y lo demás lo pensaremos juntos, todos nosotros, aquí o en cualquier lugar convocados.­­­­­

En parte, es como que no encuentras fuerzas para buscar, escarbar, bucear... en treinta años justos de amistad y relación profesional, desde aquel verano en Amherst cuando la conocí, a Concha, junto a Carlos, Paco, Andreu, Pedro... Cuyos nombres ahora convoco junto al de Concha. Porque quiero pensarnos juntos.("Mirad: somos nosotros"). Y porque la muerte no puede con ello. Es un hecho: Concha, Carlos, Paco, Miquel, Fernando, Alfonso, Andreu... tantas veces, y tantas otras con tantas otras compañías. Días luminosos, noches de seda negra, de afanes y risas, perdurables. La muerte, que es tan fundamental en este oficio; el salubrista, claro. Y el de vivir. La vida pudo olvidar o nublar, a ratos; pero ahora, súbitamente, la muerte hace perdurable todo lo relevante. Concha, ¡no lo esperábamos...!

Esta tristeza, estos años, no hace mucho: enterrando a demasiados amigos. (Lo digo todo "en masculino", Concha, ahora mismo es lo más feminista). Demasiados muertos de nuestra edad cercana, cercanos. Es como si la función de riesgo, algún tipo raro de tasa de mortalidad a la que no prestamos atención –esos días entre el cuidado césped de Amherst– se hubiese acelerado, transitoriamente, perversa, estos años que podrían ser maravillosos. La función, la otra, la del corral de comedias, la de los autos sacramentales, continúa; tan española. Nadie sabe cuántos días más va a durar. La vida, digo, verdad... Quizá mueras la semana que viene. Mientras... mientras tanto creamos nuevos rituales laicos, aprendemos la ancestral desolación, la tenue tristeza de todos los siglos. Por los siglos de los siglos. Así sea. Así es: nuestra inexperiencia –o nuestra inocencia– es tal que esto nos parece nuevo, que antes no les ocurría, que la gente tenía sacerdotes, templos, cánticos, el embriagador olor del incienso. Mas es así de antiguo, simple e inexplicable: aprendemos a enterrar a nuestros amigos. A despedirnos, a llorar desde lo hondo de "aquell silenci antic i molt llarg". Y algo completamente inesperado, insólito y sencillo: que la vida de las personas, de los amigos –la de Concha, sin ir más lejos– es perdurable. Abajo la muerte, viva la vida.

Miquel Porta Serra
Investigador y catedrático de salud pública del Instituto Municipal de Investigación Médica y la Universidad Autónoma de Barcelona; ex-profesor y ex-miembro del Consejo Científico del Institut Valencià d'Estudis en Salut Pública (IVESP)

viernes, 8 de julio de 2011

Agradecimiento

Queremos agradecer al Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad el reconocimiento y las buenas palabras llenas de cariño y respeto hacia nuestra querida madre, hija, hermana y sobretodo gran mujer que era Concha Colomer.

Es difícil homenajear a alguien a quien aun se siente vivo, cuando ha sido tan rápido, cuando deseamos no tener que haberlo hecho. Pero aun así el evento estuvo lleno de cariño y emociones. Compartimos todos la suerte de haberla tenido.

Queremos mostrar nuestro agradecimiento a todas las personas que organizaron y participaron en este homenaje. Por hacerlo posible a pesar de las dificultades del momento y por haberlo hecho tan bien y con tanto cariño.

Gracias, de corazon.
La familia de Concha Colomer Revuelta.